¿Cuál es la voluntad, deseo, propósito de Dios para la vida de quien ha aceptado a Cristo como su salvador?
La posible respuesta a esto podría ser la felicidad, la vida eterna, la salvación. Sin embargo, aunque esas cosas son ciertas, e incluso el propósito de Dios para toda la humanidad es su salvación, dado que se señala en el probablemente más conocido texto de Juan
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16
Y también el apóstol Pedro indica que
El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
2 Pedro 3:9
Sin embargo, la pregunta tiene su foco en quien ya ha aceptado a Cristo como salvador. Por fe quien ha aceptado a Jesús es justificado, y se le da la salvación, sin necesidad de que haya obra humana en ello. La salvación es sólo por fe, tal como señala Pablo:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
Efesios 2:8-9
Y ya habiendo sido salvados sólo por la fe en Cristo, Dios tiene un propósito para todos aquellos que por fe han ido a su salvador. Y este propósito lo vemos en la primera carta de Pablo a los Tesalónicences:
pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…
1 Tesalonicenses 4:3
Lo que Dios quiere luego de salvarnos es santificarnos. Y ese propósito lo vemos en varias partes:
porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
1 Pedro 1:16
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Mateo 5:48
Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
Lucas 6:36
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
Efesios 5:2
Por lo tanto, la Biblia nos indica que lo que Dios quiere es que seamos exactamente como él es: santo, perfecto, misericordioso, amor. La Biblia es clara en que es algo que debemos ser, y que es posible, dado que si así no fuera, no se nos pediría. La pregunta entonces es cómo se hace esto, cómo la santificación que Dios quiere efectuar en nosotros se lleva a cabo. Y la respuesta está en el evangelio de Juan:
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:17
Normalmente este texto es usado como referencia a la Biblia, a la palabra escrita de Dios. Sin embargo, el contexto y las palabras usadas parecen indicar algo diferente. En primer lugar, la palabra traducida como palabra es logos. Precisamente Juan, en el capítulo 1 de su evangelio ya nos indica que Jesús es el logos:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
Juan 1:1-3
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
Juan 1:14
En estos textos, lo que se traduce como verbo es la misma palabra logos. Juan deja en claro en que el logos, la palabra, es Cristo. Por ende, en el capítulo 17, la palabra es Cristo también. Más aún, el versículo 19 da a entender que esta santificación ocurre debido a su propia santificación:
Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Juan 17:19
Por otro lado, Jesús dijo de sí mismo que él es la verdad:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Juan 14:6
Por tanto, cuando Jesús dice “santifícalos en tu verdad”, se refiere a sí mismo. Por lo mismo luego se dice “Tu palabra es verdad”, puesto que el logos, la palabra, es Cristo, así como también la verdad. Es decir, la santificación ocurre en Cristo.
Ahora, veamos otro aspecto en relación a esto. Vimos que Jesús es la palabra y la verdad. Sin embargo, también nos encontraremos en Salmos que
Tu justicia es justicia eterna,
Y tu ley la verdad.
Salmos 119:142
Por lo tanto, aquí vemos que la ley también es la verdad, al igual que Cristo. El mismo salmo nos dice que
Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino.
Salmos 119:105
Este salmo en su totalidad hace referencia a la Ley de Dios, por tanto, al referirse a la palabra aquí, está señalando a la ley. Y vemos que en este texto, la ley es una luz. Por otro lado, en el nuevo testamento, nos encontramos que Jesús dice de sí:
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Juan 8:12
Por tanto, Jesús es la luz, de la misma manera que la ley de Dios es luz. La ley y Cristo poseen las mismas características. Esto es simplemente porque la ley es el reflejo del carácter de Dios, mientras que Cristo es el carácter de Dios encarnado, pues él vino a mostrarnos cómo es Dios. Es por esto que Pablo nos dice
porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.
Romanos 10:4
Donde alguna versiones traducen fin como cumplimiento. Y es que Cristo es la ley viva, el cumplimiento de la ley perfecto. Esto es importante, pues desde el principio Dios ha tenido el mismo plan, pues leemos
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
Jeremías 31:33
Dios quería escribir la ley en el corazón de su pueblo, que la ley no fuera una asunto de letra, sino que vivieran la ley. Esto es la santificación, que la ley, el carácter de Dios esté en nuestra vida, de forma que vivamos con ese mismo carácter. Y ese propósito no ha cambiado en el nuevo testamento, y no podía ser de otra forma, pues no es que el antiguo testamento queda obsoleto con la existencia del nuevo, Dios siempre ha mantenido el mismo plan, desde el principio, escribir la ley en el corazón. Y esto lo señala Pablo:
para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor
Efesios 3:17
Cristo, la ley encarnada, habitará en nuestros corazones mediante la fe. Y es aquí donde vemos el mismo propósito de Dios del antiguo testamento. Dios quiere que seamos santificados, y eso se consigue con él imprimiendo en nuestro corazón su ley, y el nuevo testamento lo expande, mostrándonos que es Cristo quien mora en nuestro corazón. Es por eso entonces que hace sentido el texto de Mateo
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Mateo 5:14-16
Dios quiere que tengamos su carácter. Vimos que la ley es luz, y que Cristo es luz. Una vez que él viva en nosotros, y desarrollamos su carácter, entonces también seremos luz. Pero el fin de esto como lo dice el texto es para que los demás vean estas obras que produce este carácter santificado, de forma que puedan glorificar a Dios.