Estudiar los escritos del apóstol Pablo resulta siempre un gran desafío. Consideremos que la imagen de Pablo de Tarso es importante en el desarrollo histórico de occidente. Basta observar que los textos de Romanos y Gálatas, acerca de la justificación por la fe, son la base del proceso de Reforma Protestante en el siglo XVI, de forma que los escritos de Pablo tienen alta importancia en acontecimientos históricos posteriores. Por otra parte, generalmente asociamos a Pablo con un bagaje cultural fuerte. Sólo pensemos que cita a Epeménides en Tito 1:12:
Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.
O citando al mismo autor en el comienzo de Hechos 17:28, mientras que cita al final del versículo a Phaenomena de Arato:
Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos, como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.
A su vez, vemos en Pablo un escritor de fuerte teología, generalmente hablando de asuntos complejos, de forma que incluso el apóstol Pedro, en su carta dice (2 Pedro 3:15-16)
Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
Sin embargo, en la carta a Filemón nos encontramos con un asunto mas bien doméstico, no orientado a un concepto teológico doctrinal, pero que aún podemos apreciar que contiene mucho, como veremos.
El amor en la iglesia
Es notorio que generalmente Pablo escribe a la iglesia, tal como a los efesios, colosenses, etc. Sin embargo, nos encontramos aquí con una carta personal, dirigida a un individuo particular. No obstante, aunque la carta es evidentemente personal, con un tema específico, siempre está enmarcada respecto a un contexto de hermandad cristiana. Está escrita aduciendo a un contexto eclesiástico, pues en primer lugar encontramos la referencia a Filemón como aquel que tiene una iglesia en su casa (vers. 2)
y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa.
Por tanto, aunque sea una carta dirigida a una persona particular, parece importante que también podamos extraer algo quienes seamos miembros de alguna iglesia.
Es interesante que en el versículo 5 se diga
porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos;
porque es esperable que cualquiera que forme parte de una iglesia tenga amor y fe hacia el señor Jesús. Sin embargo, para Pablo, es importante destacar que este es un elemento que debe existir, y que no necesariamente es algo que debe darse por descontado. Es entonces, una característica que debe poseerse y que debe evidenciarse.
Por otro lado, resulta importante que es lo primero. Lo primero en la vida cristiana debiera ser el amor por Jesús. Nada de lo demás que siga a continuación tendrá algún sentido si no existiese ese amor por Jesús. Y es aquí donde este amor en primer lugar hace eco de Mateo 22:37-39:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Es justamente el mismo orden que Pablo escribe en su carta a Filemón. Primero, el ama y tiene fe en el señor Jesús, luego, el ama a “todos los santos”, es decir, a aquellos hermanos en la fe. El primer amor es evidentemente hacia Cristo, luego, podemos hacer extensible ese amor al resto.
Y es en este punto donde debemos ver el amor hacia el resto. Pablo escribe en el versículo 7
Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
La palabra original para corazones, en realidad es σπλάγχνα (splagchna), que quiere decir los órganos internos, como el riñón, páncreas, o el corazón mismo. En la cultura griega las emociones y sentimientos profundos yacían en estos órganos interiores. Pero lo notable es que esta misma raíz la encontramos por ejemplo en Mateo 9:36:
Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
donde la palabra que traducimos como compasión es σπλαγχνίσθη (splagchnisthe). Aquí encontramos que es tan fuerte lo que Jesús siente que se duele en su interior de forma tan profunda que busca hacer algo para remediar la situación. Es lo mismo que si uno tiene una dolencia en el riñón, uno no se quedará sentado en su casa cómodamente, sino que buscará el modo de sanar su dolencia, buscará un médico y tratamiento. Así es de profundo el texto griego, la compasión de Jesús, es profunda, que busca confortar la necesidad fuerte del ser humano. Así es Filemón, que conforta la necesidad más profunda del hermano.
Es destacable lo anterior, pues nos lleva a considerar que el cristianismo no puede limitarse a sentarse en una banca a escuchar una predicación y nada más. La iglesia debe ser el lugar donde podamos confortar las necesidades profundas. Pero para conocer las necesidades más internas del otro debe existir una relación y conocimiento. No podemos ver un dolor en el páncreas a simple vista, debemos realizar un examen específico, detallado. Asimismo, tampoco podremos ver el dolor de la gente si no la conocemos.
Es notorio entonces que a pesar del buen ejemplo de Filemón, él es un ser humano imperfecto como nosotros. Y podemos ver que aunque era miembro de iglesia, Onésimo jamás vio a Jesús allí. Onésimo conoció a Jesús al encontrarse con Pablo. Es crucial este asunto. No necesariamente ser miembro de iglesia significa que reflejemos a Jesús. Y la única manera de reflejarle es conociéndolo. Ellen White señala en Ser Semejantes a Jesús, pág. 251
Al contemplar su hermosura, desearemos practicar sus virtudes y su justicia. Contemplando a Cristo somos transformados a su imagen, y renunciando a nosotros mismos al dar nuestro corazón completamente a Jesús para que su Espíritu nos refine, ennoblezca y eleve, estaremos en comunión íntima con el mundo futuro, bañados por los rayos brillantes del Sol de justicia.
y en El Deseado de todas las gentes, pág 63:
Sería bueno que cada día dedicásemos una hora de reflexión a la contemplación de la vida de Cristo. Debiéramos tomarla punto por punto, y dejar que la imaginación se posesione de cada escena, especialmente de las finales. Y mientras nos espaciemos así en su gran sacrificio por nosotros, nuestra confianza en él será más constante, se reavivará nuestro amor, y quedaremos más imbuídos de su Espíritu.
Es importante que exista un continuo caminar con Dios, de forma que podamos reflejarle.
Onésimo y la justificación por la fe
Desde el versículo 8 encontramos el centro del asunto por el cual Pablo escribe. La carta es escrita en favor de Onésimo, un esclavo de Filemón que huyó. A partir del escrito no podemos establecer qué hizo y porqué lo hizo. Algunos comentan que Onésimo era hermano de Filemón, que por deudas se vendió como esclavo de forma de saldar esa deuda, sin embargo no podemos decir nada. Podemos pensar que Onésimo le robó a su amo y huyó. O que realizó algún acto en contra de su familia, no lo podemos saber. Pero lo que sí podemos saber es que lo único que le esperaba a Onésimo era la muerte. Un esclavo que se fugara merecía la muerte. De otra forma, si se permitía vivir, sería ejemplo para que otros esclavos pudieran fugarse también. Así, el destino de Onésimo era morir.
Sin embargo, aún cuando tampoco sabemos cómo fue su encuentro con Pablo, sabemos que allí el más que encontrarse con el apóstol, se encontró con Cristo. Es interesante que el verdadero encuentro con Cristo produce un cambio importante de estado. El versículo 16 dice
no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
El encuentro con Jesús cambia un esclavo por hermano. Le entrega una dignidad diferente, un estado mayor. Y es interesante el juego de palabras de los versos 10 y 11:
te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil
pues Onésimo significa útil. Es interesante que Útil pasó a ser inútil, pero el encuentro con Cristo le da utilidad a su vida otra vez. A su vez, restaura su dignidad, Primero era Onésimo, luego era un inútil, pero luego volvió a ser Onésimo. El encuentro con Jesús restaura la identidad y dignidad original.
Incluso es destacable que para Pablo no es un esclavo, le considera como un hijo como vemos en el versículo 10
te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones.
Del mismo modo que el encuentro con Jesús nos lleva a que Dios nos ve como hijos, pues tal como lo señala 1 Juan 3:1
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
Y no solamente ocurre una restauración, sino que además toda deuda queda saldada. Es notable que Pablo señala en los versículos 18 y 19
Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.
Onésimo no debía devolver nada, todo era cargado a la cuenta de Pablo. Y es interesante que la carta está firmada por él mismo, es garantía de que es auténtica, escrita por su mano, pues debemos recordar que en sus momentos en prisión, Pablo requería de asistentes y secretarios para escribir sus cartas. Ahora bien, esto es un símil con la obra de Jesús, donde no importa lo que hayamos hecho antes, el sacrificio de Cristo es suficiente para pagar por nuestro pecado. Cristo mismo es el sacrificio y la garantía a la vez. Tan sólo la sangre de Jesús paga nuestra deuda, pues como se señala en Romanos 6:23
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Onésimo tenía como castigo la muerte, era ese el precio a pagar, sin embargo Pablo sólo extiende una carta siendo fiador de él ante Filemón, quedando extinta la deuda que hubiere. Del mismo modo, nosotros sólo tenemos como destino la muerte, pero Jesús pone a su cuenta nuestra deuda. Onésimo no tenía méritos, dinero ni nada, ahora tenía un intercesor, al apóstol. Nosotros hoy, tenemos un intercesor, a Jesús, como señala Hebreos 7:25:
por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos
de forma que él es nuestro abogado, pues así lo indica 1 Juan 2:1
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Ahora, aunque el encuentro con Jesús cambia completamente, es importante que requiere de un paso de fe. Para Onésimo volver donde su amo significaba ir a morir, sin embargo debía ejercer fe de que bastaba sólo el escrito de Pablo y que Filemón lo leyera para que pudiera vivir. Onésimo podía pensar que no era suficiente, o qué para qué iba a volver si después de leer esa carta lo matarían igual. La fe de Onésimo en la carta de Pablo le permite acercarse nuevamente a Filemón y vivir. Onésimo no debe hacer nada más. No debe defenderse, porque no tiene excusa, era culpable, no tenía nada que ofrecer, sólo creer que el escrito de Pablo era suficiente, sólo debía extender la carta y nada más.
Así opera la gracia de Dios, Nos restaura en dignidad, cubre nuestra deuda, y no requiere de nosotros nada, sólo creer que es suficiente.
Es interesante que un asunto tan trascendente como lo es la justificación por la fe, asunto de alta relevancia en la comprensión de las escrituras en el tiempo de la Reforma, se encuentre dentro de una carta de corte doméstico, no doctrinal. Y es que la doctrina, la teología, se encuentra en lo cotidiano, en las cosas simples. No es un asunto meramente intelectual, sino que permea todas las aristas de la vida. La doctrina no es solo conocimiento, sino que además es el modo de vivir.
Relación con parábolas de Jesús
Ahora, la historia de Onésimo posee grandes similitudes con tres parábolas relatadas por Jesús, las cuales estudiadas en el marco del relato de la carta a Filemón nos da vislumbres interesantes que complementan lo anterior. Sólo haré mención de algunos detalles para no hacer más extenso el escrito.
La primera y más evidente es la relación con el relato del hijo pródigo, que encontramos en Lucas 15:11-32. En ambos relatos encontramos un hombre que se va, pierde un rumbo (fue inútil) y vuelve (nos es útil). En ambos existe una restauración. En el caso de Onésimo vemos un ascenso de esclavo a hermano amado, mientras que en el hijo pródigo se coloca el mejor vestido y un anillo, de forma que también vemos un honor mayor.
En segundo lugar, los versículos 18 y 19 nos llevan a recordar la historia del buen samaritano, pues en Lucas 10:35 sobre el samaritano dice
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
De forma que en la historia de Onésimo vemos que Pablo refleja fielmente a Jesús, asimismo como el buen samaritano es la figura de Cristo que promete volver y pagar nuestras deudas.
La tercera parábola a considerar es la de los dos deudores. Es interesante que en el relato de Mateo 18:23-35 encontramos un deudor perdonado que no quiso perdonar a otro que le debía algo menor. En la carta a Filemón hallamos a Onésimo como deudor de su amo, quien debía perdonarle. Pero vemos también que Filemón también es mencionado como deudor pues en el versículo 19 Pablo dice
Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.
Ahora bien, los desenlaces son aparentemente distintos, pues en la parábola de Mateo, el hombre no perdonó al deudor aún cuando él también debía, y en el caso de Filemón y Onésimo estimamos que el amo perdonó al esclavo. Resulta interesante ver este símil, donde podemos ver los dos caminos a ser tomados en el camino cristiano, el seguir la voluntad de Dios, o no hacerlo.
El motivo para realizarlo todo
Finalmente, es importante considerar que toda la base de lo que deba hacerse opera en torno al amor. La primera característica era el amor a Dios, y luego al resto. Es notable que la recepción a la gente que entre por la iglesia, a la gente que nos rodee debe ser hecha del modo que nos señala el versículo 12
el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.
El original griego dice
ὃν ἀνέπεμψά σοι αὐτόν, τοῦτ’ ἔστιν τὰ ἐμὰ σπλάγχνα
donde la última palabra, σπλάγχνα (splagchna) es la misma que revisamos al comienzo. Literalmente, Pablo está diciendo a Filemón que reciba sus partes interiores. Más que recibirlo como si fuera él, es recibirlo a él, indicando que Onésimo es parte de él. Cuan profundo es que nuestro trato debiera ser como si Jesús se estuviera enviando a sí mismo.
Y el único motivo para hacerlo está aquí:
Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene,
pues Pablo podía haber hecho uso de su autoridad como apóstol para ordenar a Filemón recibir a Onésimo. Así, Dios puede ordenarnos cuidar, ayudar y velar por el resto, porque es Dios y punto. Sin embargo, el motivo, el versículo 9 nos enseña que
más bien te ruego por amor…
Así como Dios nos ama, no nos obliga, nos ruega, por amor, a que amemos. Ese debiera ser el cristianismo que debiésemos desarrollar.