La fe de Jesús

El libro de Apocalipsis en el capítulo 14 describe el mensaje de los tres ángeles, los cuales implican un mensaje a ser proclamado, el cual es de vital importancia en el tiempo del fin. Tras este mensaje se señala

Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús

Apocalipsis 14:12

Aquí, se describen las características de estos santos. La primera, no resulta tan compleja de entender, dado que los mandamientos de Dios son claros en las escrituras. Sin embargo, el concepto de la fe de Jesús no parece un asunto que se suele tratar.

Para tener nociones de qué quiere decir la frase “la fe de Jesús”, examinemos primero algunos usos de la preposición de. En primer lugar, es posible decir en castellano, “yo vengo de Chile”. Así, la preposición “de” indica una procedencia. Con eso en consideración, podemos pensar que la fe procede o proviene de Jesús. Esta noción parece consistente con el hecho de que Hebreos señala que

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Hebreos 12:2

Por tanto, si Jesús es el autor de la fe, esto quiere decir que proviene de él.

Otra posibilidad en el uso de la preposición “de” está en el ejemplo: “la billetera de mi amigo”, donde aquí expresa pertenencia o algo que le es propio de a quien se refiere. De ese modo, “la fe de Jesús” se entendería como que la fe es la que le pertenece o le es propia de Jesús. Esto resulta interesante, pues normalmente la fe se entiende como un concepto que nosotros tenemos respecto de Dios o hacia Jesús, y no solemos reparar en la fe que Jesús tiene, o la fe que es de Jesús. Sin embargo, observaremos en las otras apariciones en el nuevo testamento acerca de la fe de Jesús, que parece tener sentido esta consideración.

El concepto de la fe de Jesús aparecerá ligado a otro tema en el resto de apariciones bíblicas. Para encontrarlo, miraremos primero en lo que Pablo escribe a los filipenses:

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe

Filipenses 3:8-9

Notemos que el apóstol Pablo parece contraponer dos cosas, la ley y la fe. En sí misma, la ley no es el problema, puesto que él mismo dice

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

Romanos 7:12

Y por otro lado, Apocalipsis 14:12 indica que los santos guardan los mandamientos, por lo que no tiene sentido pensar que la ley es el problema o que tiene algo malo. Más bien, el gran problema es buscar la justificación propia a través de las obras de la ley, pues la Biblia es clara que la salvación no es por obras, como señala Efesios:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Por tanto, buscar cumplir la ley para obtener salvación es buscar la justificación propia, y no funciona de ninguna manera. No se guarda la ley para ser salvo, pues aunque es una característica de los santos, no lo hacen para buscar su salvación, pues como señala Isaías:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Isaías 64:6

Como nuestra propia justicia es como trapo de inmundicia, no hay nada que podamos hacer por nosotros mismos para ganarnos la salvación. Más aún, Jesús así lo indicó en el relato del fariseo y el publicano, donde el fariseo señalaba sus buenas obras, mientras que el publicano solo dijo “Sé propicio a mí, pecador” y Jesús menciona que él fue justificado. Por ende, la salvación no es por nuestros actos, sino solo por fe, como dice Efesios. Y es aquí donde entra el contraste de Filipenses. La justicia de Dios, que contrasta la nuestra, es por fe, pero la fe de la que habla no es la fe que podamos poseer, sino que dice que es por la fe de Cristo.

Para confirmar lo anterior, analicemos lo que el mismo Pablo dice en Gálatas:

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Gálatas 2:16

Nuevamente aquí se expone el contraste entre la justificación propia por las obras de la ley y la justificación que es por la fe de Jesús. Gálatas menciona dos veces esto: una, “sino por la fe de Jesucristo”, y luego “para ser justificados por la fe de Cristo”. Pablo hace claro que lo que justifica es la fe de Jesús. Y en ese sentido, Jesús indicó:

Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

Mateo 7:17-18

Vimos que la fe provenía de Jesús, el autor de la fe. Dado que él es perfecto, es el buen árbol que produce buen fruto. Por contraste, nosotros, seres humanos pecadores, como malos árboles, no podemos dar buen fruto. Por ende, no podemos producir fe, pues ese es un buen fruto. Dado que no podemos producir fe por nosotros mismos, entonces en principio nadie tiene fe. Este es un punto importante para destacar. Es común que personas digan que no se acercan a Dios o no asisten a la iglesia porque no tienen fe, o que la fe es para otros, porque ellos no la tienen. Sin embargo, el punto es que en realidad nadie la tiene. En principio nadie puede producir o tener fe por sí solos.

En este punto, si nadie puede tener fe por sí mismo, y la justificación es por la fe, entonces nadie podría ser salvo. Y es aquí donde entra Jesús y coloca su fe. Por eso la justificación es por la fe de Jesús, quien es el autor de la fe, y quien coloca la fe necesaria para ser salvos, cuando nosotros no la tenemos. Y aquí es donde nos pone a todos en el mismo nivel, tal como con las obras. No es que sea salvo porque tengo más fe que otro, o que no puedo salvarme porque no tengo tanta fe como otro. El asunto es que como nadie puede producir fe, todos estamos en la misma condición, Jesús pone su fe para justificarnos.

La pregunta ahora es, si ni siquiera la fe que nos salva es nuestra, sino que la pone Jesús, entonces ¿serían todos salvos? En realidad la respuesta la señala Gálatas, indica que “hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo”. Así, nos sugiere que para ser justificados por su fe, primero debemos creer en él. De la misma manera Romanos dice:

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios

Romanos 3:21-23

Nuevamente aparece el tema de la justificación por la fe, aunque en este caso dice que la justicia de Dios es por “la fe en Jesucristo”. Sin embargo, la expresión griega usada aquí para decir esto es: πίστεως Ἰησοῦ Χριστοῦ (pisteos Iesou Christou), que es la misma usada en Filipenses 3:9 (πίστεως Χριστοῦ) y en Gálatas 2:16 (πίστεως Χριστοῦ). Por tanto, podemos decir que Romanos puede leerse como “la justicia de Dios por medio de la fe de Jesucristo”, en consecuencia con los textos anteriores.

Al mismo tiempo, Romanos indica que somos justificados por la fe de Jesucristo todos los que creen en él, en consonancia con Gálatas. Por tanto, somos justificados por su fe si le creemos. Creer no es más que una elección, el decidir aceptar el regalo de su salvación, el cual se lleva a cabo sin nuestra fe, pues es la fe de Jesús, ni nuestras obras, pero para que se haga efectivo debo creer en él. Si rechazo esta salvación pensando que no tiene ningún sentido todo esto, y quiero hacer mi vida como si no hubiera un salvador, entonces él no puede justificarme porque he decidido no aceptarlo.

Ahora, el hecho de que sea posible traducir πίστεως Ἰησοῦ Χριστοῦ (pisteos Iesou Christou) como la fe de Jesucristo o la fe en Jesucristo, nos ayuda a ver cómo opera esto. La preposición “en” la usamos por ejemplo en casos como: “estoy en la casa”, donde indicamos que estamos dentro del lugar, no fuera. De a misma manera, si estoy dentro de un lugar, sólo se ve el exterior de ese lugar y no quien esté dentro. Así, podemos visualizar que si decidimos creer en Jesús, entonces en cierto sentido, nos escondemos en él. Así, podemos comprender lo que Jesús nos dice:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:4-5

Al creer nos escondemos en él, permanecemos en él, y Dios ve su fe, ya que estamos escondidos dentro. Si no creemos, nos separamos de él y no podemos hacer nada pues por nosotros no podemos producir fe. Así, al tomar la decisión de creer, comenzamos a participar de su fe y vivimos una nueva vida en él. En esto, Gálatas señala:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

El texto indica que ahora lo que se vive será vivido en la fe del Hijo de Dios, es decir, la fe de Jesús. Por tanto, la misma fe que me salva es en la que vivo en adelante. De esa forma ahora experimento un proceso de santificación a través de su fe. Al creer, Jesús me justifica y además ya siendo salvo, me hace vivir una nueva vida, por lo que con esto podemos volver a conectar con Apocalipsis 14:12, pues los santos tienen la fe de Jesús, es decir, son los que han decidido creer y han sido justificados por él, y al mismo tiempo, se han escondido en él y viven la vida nueva en su fe, por lo que guardan los mandamientos porque Jesús ya habiéndolos salvado, los ayuda a caminar esta vida en armonía con su carácter guardados en él, por su fe. Ahora participamos de su fe, la cual desarrollamos en nosotros y crecemos.

Así, guardar los mandamientos y la fe de Jesús están conectados, pues podemos guardar los mandamientos viviendo en la fe de Jesús, no para salvarnos, sino porque él nos ha salvado y nos ayuda a vivir como él quiere que vivamos.